miércoles, 1 de abril de 2009

Cuando Cloberto conoció a Cousiña


Una verdadera historia de amor truncada por los celos


El viento corría gélido por las bulliciosas calles de Dublín, era sábado, y como siempre los turistas atestaban los restaurantes de la capital irlandesa, los pubs y sobre todo las tiendas de souvenirs.
Cloberto llevaba una semana sentadito en una caja de cartón hecha especialmente para que la gente pudiese verle a él y a sus otros hermanitos Leprechauns y quisieran comprarles.
A menudo pasaba los días aburrido escuchando los diferentes acentos de la gente que transitaba la tienda, les miraba directamente a los ojos e intentaba deleitarles con la mejor de sus sonrisas, sin conseguir nunca cautivar sus corazones para que le comprasen; a pesar de que Cloberto era un souvenir muy económico y de buena calidad.
Supo que todo cambiaria en el momento en el que sus ojos se cruzaron con los de un osito que sobresalía del bolso de una chica inauditamente sexy, ambos quedaron paralizados por la pasión y el deseo de inmediato…Clober intento llamarla la atención de la chica desesperadamente, le canto una canción de amor súper bonita (una de Bustamante) y le bailo un zapateo sobre la estantería de la tienda, pero ella ni si quiera le miraba, la muy boba estaba absorta buscando entre las postales. Solo pudo ver los ojitos negros de aquel bello osito alejarse, mientras una lágrima, del más profundo amor verdadero, brotaba de sus ojos de duendecillo.
Ni si quiera le hizo feliz que una chica rubia, increíblemente atractiva, le comprase. Para él ya había llegado el fin del mundo. La chica le metió en el bolsillo de su mochila y le saco por primera vez de la tienda. La mochila era de color rosa y solo podía ver la luz a través de ella, notaba el movimiento, las paradas, el bullicio del tráfico del que tanto había oído hablar. La chica hablaba todo el tiempo, en un idioma que él no podía entender, ¿Frances? ¿Italiano? ¿Español? Con lo que le había costado aprender inglés (no todo el mundo entiende el lepre-lenguaje).
Se hizo de noche y con la noche llego el sueño, y casi sin dares cuenta Clober se fue acomodando sobre un paquetito de Klennex y unos guantes para dormir a pierna suelta.
No muy lejos de allí un pequeño osito tenia insomnio, a pesar de que como cada noche estaba arropado por un gorrito de lana blanco.
La verdad es que Cousiña no podía quejarse, su dueña le había dado una vida llena de glamour y viajes, él con sus solo 3 añitos ya había estado en un montón de países de Europa e incluso en Nueva York, hablaba inglés, español y un poquito de francés, había probado todo tipo de comidas del mundo y siempre había dormido en un lugar preferente de su habitación o bolso, pero aún así sentía que le faltaba algo…
Desde que el podía recordarlo siempre había tenido puesta la misma ropa: Un jersey negro y una gorra verde con una “S”, le sorprendía mucho eso, porque el se llamaba Cousiña, y no Sousiña…¿Se habría equivocado su dueña al comprar el jersey? , ¿O tal vez era esa la inicial de su madre?
Un día en el que Claudia, su dueña, le había quitado el jersey, para lavarlo, Cousi se contemplo en el espejo y pudo ver algo que estaba como tatuado o cosido en su piel, ponía: STARBUCKS, que profunda emoción le embargo entonces…su madre le había tatuado su nombre para que no la olvidara nunca, eso era porque lo amaba de verdad. Mas tarde descubrió que su madre era todo una osa empresaria, tenia una cadena de cafeterías en todo el mundo, por eso, como estaba muy ocupada, había tenido que darle en adopción, probablemente Claudia habría tenido que pasar un montón de pruebas y de requisitos para hacerse con su custodia.
Ella le había querido siempre, pero no comprendía las cosas que pasan por la mente de un muñeco de trapo… Él había intentado hacerse amigo de todos los objetos inanimados de su habitación, pero con ninguno acababa de encajar: la lámpara era demasiado estirada y egocéntrica, los libros se creían muy especiales, sobre todo si tenían dedicatoria y el resto de peluches estaban demasiado celosos de que siempre fuese él el elegido para todos los viajes.
Claudia se había preocupado mucho de su educación, por las noches le leía libros, todo tipo de obras, clásicos como “Orgullo y Prejuicio” de Jane Austen, obras más modernas como “El libro de las Ilusiones” de Paul Auster, incluso había visto a su lado las películas más tristes y bonitas del mundo (mientras Claudia se desgañitaba en llanto y resoplaba mocos en su pañuelo), pero lo que tenía él en realidad no era sed de cultura, sino sed de aventuras, ganas de experimentar vamos…que cuando Claudia le estaba poniendo la última película independiente que se hubiese estrenado esa semana, él lo que quería ver en realidad era Canal +, aunque fuese codificado, no sé si me seguís…Cuando vio el pelo de color “naranja Nicole Kidman” de Cloberto en la tienda de souvenirs supo que con él sería diferente…
“Naranja, naranja como una zanahoria, naranja como una naranja, naranja como una mandarina, naranja como el sol al atardecer, naranja como el queso Chedar, naranja como” ….justo en eso estaba pensando Cousi cuando Claudia le saco del bolso para darle un beso de buenas noches y pegarle a la parte de arriba de su litera (él era un osito –imán) fue en ese momento cuando se dio cuenta de la inmensa suerte que había tenido, él, el hijo prodigo de la pelirroja más famosa de Hollywood estaba en su misma habitación, en la cama de la amiga de Claudia.
No hicieron falta las palabras, basto con el lenguaje del amor (y un par de guiños y grrrsss para saber que ambos pensaban lo mismo).
Decidieron encontrase en el suelo, para tener algo de intimidad debajo de la cama. Para librarse del imán Cousiña se vio obligado a desprenderse de toda su ropa, menos la gorra, por lo que se presentó en su primera cita en pelotitas (lo que puso muy contento a Cloberto al que no le gustaba andarse con tonterías).
El amanecer los sorprendió abrazados y todavía llenos de amor, desnudos y felices como nunca lo habían sido antes.
Cuando Claudia se despertó y miró al techo se quedó muy sorprendida de que sólo el jersey de su pequeño amigo siguiese estando allí, el susto fue aún mayor cuando encontró a su virginal osito desnudo con un duende bajo su cama.
Ángela sobresaltada antes los gritos de Claudia (- “Oh noo alguien a ultrajado a mi osito, han abusado de él,y a pesar de que tenga una sonrisa de oreja a oreja en el rostro yo creo que no le ha gustado ni un poco…etc”) se cayó de la cama, casi sin entender nada.
Claudia obligo a vestirse a Cousiña entre lágrimas y le dijo que un osito no puede enamorarse de un Leprechaun, porque los leprechauns son un poco como los músicos de hoy en día pero en versión antigua, vamos que en vez de querer formar un grupo e irse de gira, los Leprechauns de repente sienten la llamada de dinero y se vuelven malos y avariciosos y sólo piensan en que llueva y salga el sol, para que se forme el arco iris, ya que en cada arco iris hay una olla llena de oro esperándolos, ni si quiera les importa si por el camino hacia al arco iris tienen que comerse a niños (yo no entiendo porque, porque anda que no habrá setas y frutos del bosque para coger durante el camino, pero la leyenda es así).
Los dos se fueron…Ángela intentaba preguntarle que había pasado a Cloberto, pero este solo la oía balbucear en algo similar al inglés pero que no acababa de entender del todo. Ella al ver que no le entendía le compró un bollo de chocolate (que eso siempre lo cura todo) y le dio 5 euros para que se comprase algo bonito.

En las tristes y frías noches de invierno Cloberto se abraza a la alfombra de Ángela y se acuerda de Cousiña.
Cousiña a su vez piensa en el duende cada vez que ve algo de color naranja, a Nicole Kidman o una litera.
Ambos se escribieron postales durante años, eternas postales hablando de sus vidas, de sus viajes, de sus esperanzas, tristemente ninguno se atrevió a decir lo más importante.